Y es el infinito que se instaló
en la lumbrera de tus manos
para dejar resbalar la terquedad
de esas caricias mal dadas,
en los días lunes,
en la encimera de las tardes nebulosas,
en las dadivosas iras nocturnas,
de este, mi bien más potente,
más lucido y mezquino,
que no dá sosiego,
que no dá respiro,
que camufla sus trampas,
que enviste y traba las razones, deja sin perdon a los ladrones.
Tan inundado el fin de cortos plazos y de los silenciosos nuevos tiempos
que deshojan aun asi a mis tiernos tiempos muertos.
De este, tu largo sendero de llenuras,
atiborradas las ventanas de placeres,
maltratadas las esperas de sueños inevitables
en los deseos que va dejando mi fe,
que te van entregando mis ojos de acuario,
para ver sufrir mis propios labios al no tener
los destellos de tu saliva maldita que gorgorea fragante
para hacerte en la noche mi mas vanidoso bien.
